ANSIEDAD

La ansiedad es un mecanismo emocional protector, involuntario y desagradable, del que estamos dotados, con el fin de preservar nuestra integridad, ante una supuesta amenaza interna o externa percibida por nuestra mente. Para su comprensión se puede comparar con el dolor físico que preserva nuestra integridad física de la destrucción, por ejemplo: ante el fuego la sensación dolorosa de quemadura nos avisa que retiremos la mano antes que se destruya, de no poseer éste mecanismo nos daríamos cuenta del daño por el humo o el olor a quemado y posiblemente cuando nuestros tejidos ya no serían recuperables. La ansiedad es, por tanto, una respuesta innata adaptativa de nuestra especie, que tiene como misión la supervivencia. Cada vez que nos encontramos en peligro, el circuito de la ansiedad se dispara haciendo que reaccionemos de la forma más eficaz para sobrevivir.

En ocasiones, sin embargo, el sistema de respuesta a la ansiedad se ve desbordado y funciona incorrectamente. Más concretamente, la ansiedad es desproporcionada con la situación e incluso, a veces, se presenta en ausencia de cualquier peligro ostensible. El sujeto se siente paralizado con un sentimiento de indefensión y, en general, se produce un deterioro del funcionamiento social y fisiológico. Se dice que cuando la ansiedad se presenta en momentos inadecuados o es tan intensa y duradera que interfiere con las actividades normales de la persona, entonces se la considera como un trastorno. Por tanto, podemos hablar de problemas de ansiedad cuando se siente mucha ansiedad ante situaciones en las que la mayoría de las personas no se ponen ansiosas, o cuando se experimenta un grado extremo de ansiedad en situaciones en las que la mayoría de la gente se sentiría sólo moderadamente ansiosa. Los trastornos de ansiedad son una de las patologías más prevalentes en la población general a lo largo de su vida y con frecuencia se asocian a otras enfermedades mentales.


Tipos de trastornos de ansiedad

Crisis de Angustia:

es la presentación brusca de ansiedad, caracterizada por un miedo intenso y penetrante, que se compara a menudo con la sensación de asfixia o muerte inminente; acompañada de síntomas fisiológicos desagradables, produciendo frecuentes visitas a servicios de urgencias. El enfoque errado al diagnosticar y tratar este trastorno, suele llenar de más inseguridad y miedo a quien lo padece, agravando su situación mental y sometiéndolo a un sufrimiento innecesario. Se le denomina también como ataque de pánico.


Agorafobia y Trastornos de Angustia:

se dan cuando las crisis de angustia se repiten con cierta frecuencia y/o hay un miedo claro y persistente a volver a experimentarlos. Una gran proporción de las personas que sufren este trastorno, y debido al intenso miedo a sufrir una nueva crisis, evita situaciones donde pueda ser difícil escapar o pedir ayuda. En estos casos, hablamos también de agorafobia.


Fobia específica:

es un miedo exagerado e irracional a situaciones concretas u objetos, como determinados animales, lugares altos, conducir… con evitación sistemática a las mismas.


Trastorno de ansiedad generalizada:

trastorno en el que la persona se preocupa excesivamente por todas aquellas situaciones de la vida cotidiana, con tensión muscular y sensación de estar continuamente activados y gran dificultad para desconectar.


Trastorno obsesivo-compulsivo:

las personas que lo sufren suelen verse invadidas por pensamientos o imágenes indeseadas, repetitivas y que causan gran ansiedad. Las obsesiones más frecuentes suelen estar relacionadas con la suciedad, la comprobación o el orden. Para bloquear el malestar que producen las obsesiones, las personas suelen llevar a cabo rituales o compulsiones, tales como lavarse las manos, comprobar si las puertas están cerradas, rezar, etc.


Trastorno por estrés agudo y trastorno por estrés postraumático:

es un problema de ansiedad que se presenta después de haber sufrido un acontecimiento traumático (atraco, violación, accidente, secuestro, etc.). Las personas que padecen este trastorno suelen revivir mentalmente determinadas escenas del suceso, sufrir pesadillas, así como sensación de anestesia o embotamiento emocional.


Fobia social:

es un miedo irracional a afrontar situaciones sociales (ir a fiestas, reuniones, hablar en público… Detrás de estos miedos, suele haber un temor a la opinión ajena, es decir, a qué pensarán los demás de uno mismo.


Trastorno de ansiedad no especificado

Trastorno de ansiedad inducido por sustancias

Trastorno de ansiedad debido a alguna enfermedad médica diagnosticada

En nuestro centro, compaginamos la ayuda médica psiquiátrica y la psicoterapia de manera individualizada y según corresponda en cada caso, haciendo hincapié en diversas estrategias fomentando hábitos de vida saludable y orientadas a buscar la estabilidad emocional.

Para comprender mejor a la ansiedad, podemos dividirlo en tres componentes o sistemas de respuesta:

El primer sistema, el subjetivo-cognitivo, incluye aspectos relacionados con la experiencia interna de ansiedad, como son: el miedo, el pánico, la alarma, la inquietud, la preocupación, las ideas obsesivas, etc. En definitiva, todos aquellos pensamientos e imágenes que aparecen en el momento en el que se está sufriendo la ansiedad. El contenido común de estos pensamientos suele ser la certeza de que algo terrible va a ocurrir: miedo a tener un infarto, miedo a morir, a asfixiarse, a volverse loco, etc.

Un segundo sistema es el fisiológico-somático, que incluye aspectos de activación del sistema nervioso autónomo, como taquicardia, aumento de la presión arterial, disminución de la salivación o aumento del tono muscular. Aquí se incluirían todas aquellas sensaciones físicas que se experimentan (mareos, visión borrosa, dolor en el pecho, sensación de irrealidad, hormigueo, entumecimiento, etc).

El tercer sistema de respuesta es el motor-conductual, que tiene que ver con todo aquello que hacemos voluntariamente durante la ansiedad. Generalmente, la ansiedad genera respuestas de evitación o escape, ya que se trata de una sensación desagradable (aunque no peligrosa), por lo que se suele intentar buscar seguridad, con conductas como: volver a casa, ir a urgencias, llamar al médico, tomar psicofármacos, tumbarse, o cualquier otra conducta que reduzca el malestar.

Por tanto, si enumeramos una lista de síntomas que pueden aparecer en una crisis de ansiedad nos encontramos con:

Existen dos grandes tipos de factores que pueden generar una crisis de ansiedad (y posteriormente un trastorno):

El primer factor es el estrés, es decir, el que una persona esté inmersa en una situación vital que le genere una presión importante, como por ejemplo: problemas laborales o exceso de trabajo, problemas familiares o de pareja, problemas de rendimiento académico, preocupación por un problema médico personal o familiar, etc.

El segundo factor serían todas aquellas reacciones fisiológicas que puede presentar un sujeto y que sean desconocidas para él, como hipoglucemias, bajadas de tensión arterial, intoxicación cafeínica, cambios bruscos de temperatura, consumo de drogas… Ante dichas situaciones, la persona, al no saber lo que le está ocurriendo, puede reaccionar como si su vida corriese peligro, y posteriormente generalizar este malestar ante otro tipo de situaciones similares, desarrollando un trastorno de ansiedad.

Las investigaciones también señalan que existen variables predisposicionales, es decir, que hay personas más y menos vulnerables a desarrollar un trastorno de ansiedad. La vulnerabilidad biológica se refiere a que hay personas que tienden a ponerse nerviosas con más facilidad, mientras que la vulnerabilidad psicológica está relacionada con todos los aprendizajes que realizamos, principalmente en la infancia, que han hecho que la persona se preocupe excesivamente sobre su salud y/o la de los de su alrededor (por ejemplo, haber vivido de cerca la muerte de un familiar, haber sufrido una enfermedad, padres muy preocupados por la salud, etc.

Genéricamente, podemos decir que los distintos trastornos ansioso-depresivos suelen tender a desarrollar un curso crónico y con fluctuaciones, que variarán en función de la entidad que las este ocasionando. En general, el factor crítico que marca la evolución de estos trastornos es su detección y su adecuado tratamiento. El tratamiento suele ser eficaz y la respuesta suele ser rápida. Son frecuentes las recaídas tras el abandono de la medicación.

Por ello, en nuestro centro trabajamos de manera coordinada adaptándonos tanto al tipo de patología como a las necesidades individuales de cada uno de nuestros pacientes. Entre los tratamientos disponibles en la actualidad, los que han demostrado mayor eficacia terapéutica para este trastorno son:




DEPRESIÓN

¿QUÉ ES LA DEPRESIÓN?

El trastorno depresivo es una enfermedad que compromete al sistema nervioso, produce síntomas que afectan al estado del ánimo, la manera de pensar y de sentir de la persona. Se puede alterar la forma en que una persona come y duerme. Influye negativamente en la forma cómo uno se valora (autoestima) produciendo una visión negativa de sí mismo, del entorno y del futuro. Un trastorno depresivo no es lo mismo que un estado pasajero de tristeza. No indica debilidad personal. No es una condición de la cual la persona pueda reponerse a voluntad. Sin tratamiento, los síntomas pueden durar semanas, meses e incluso años o incluso se podría complicar provocando alteraciones mucho más graves e incapacitantes. Sin embargo, la mayoría de las personas que padecen de depresión con un tratamiento especializado dirigido por expertos, pueden mejorar alcanzando grados de total recuperación y funcionalidad.


Tipos de depresión

Depresión Mayor:

La depresión mayor se manifiesta por una combinación de síntomas diversos, siendo el más conocido el ánimo triste (aunque no exclusivo). Este conjunto de síntomas interfieren con la capacidad para trabajar, estudiar, dormir, comer y disfrutar de actividades que antes eran placenteras. Un episodio de depresión muy incapacitante, y puede ocurrir sólo una vez en la vida, pero por lo general ocurre varias veces teniendo un curso recidivante.


Distimia:

La distimia, un tipo de depresión de menor intensidad que la anterior, pero con síntomas crónicos (a largo plazo) que no incapacitan tanto, pero sin embargo interfieren con el funcionamiento y el bienestar de la persona. Muchas personas con distimia también pueden padecer de episodios depresivos severos en algún momento de su vida.


En nuestro centro, compaginamos la ayuda médica psiquiátrica y la psicoterapia de manera individualizada y según corresponda en cada caso, haciendo hincapié en diversas estrategias fomentando hábitos de vida saludable y orientadas a buscar la estabilidad emocional.

No todas las personas con depresión padecen de todos los síntomas. Algunas padecen de unos pocos síntomas, otras tienen muchos. La gravedad de los síntomas varía según la persona y también puede variar con el tiempo. A continuación, enumeramos algunos de los síntomas más evidentes:

Las causas de la depresión son variadas, y en ella intervienen variables de orden diverso. La bioquímica puede ayudar a explicar algunos casos. Las personas deprimidas muestran niveles muy altos de cortisol (una hormona) y de varios agentes químicos que actúan en el cerebro, como los neurotransmisores serotonina, dopamina y noradrenalina. Estos niveles pueden estar elevados por motivos hereditarios. Explicaciones dadas al origen familiar de la depresión son que los niños reciban una visión triste del mundo por el comportamiento de sus padres, o crecer en un ambiente que no es totalmente enriquecedor.

Desde un punto de vista conductual, se entiende la depresión como la consecuencia de la falta de refuerzo o de la falta de relación entre lo que la persona hace (su conducta) y el refuerzo que recibe por ello. La depresión puede ser el resultado, consecuentemente, de la exposición de la persona a situaciones en las que no existe un control sobre las consecuencias del comportamiento, entrando por tanto la persona en un estado de desesperanza e indefensión.

En el origen de la depresión intervienen también una serie de pensamientos inadecuados que la persona mantiene, distorsionando la realidad de forma negativa, tales como: “para valorarme positivamente, tengo que conseguir todo lo que me propongo”/ “Sólo se puede ser feliz si me admira la gente que conozco”, etc. Estos esquemas mentales sobre sí mismo, el mundo y el futuro, generalmente son rígidos y poco realistas, y suelen formarse por experiencias tempranas en la infancia, constituyendo un factor de vulnerabilidad para la depresión.

Asimismo, las experiencias vitales de estrés, junto con la capacidad de afrontamiento que la persona tenga para hacerles frente, así como el apoyo social, pueden contribuir al desarrollo de este trastorno. En definitiva, cuando las condiciones en las que se desarrolla la vida de las personas están caracterizadas tanto por la presencia de sucesos negativos, como por el sentimiento de indefensión, la falta de sentido en la vida, y una imagen negativa de uno mismo o una valoración negativa del yo, se incrementan significativamente las probabilidades de sufrir unos mayores niveles de depresión.




TRASTORNO BIPOLAR

llamado también enfermedad maníaco-depresiva. Éste no es tan frecuente como los otros trastornos depresivos. El trastorno bipolar se caracteriza por cambios cíclicos en el estado de ánimo: fases de ánimo elevado o eufórico (manía) y fases de ánimo bajo (depresión).


Fase Depresiva


Fase Maníaca

La fase maniaca de un trastorno bipolar es uno de los pocos trastornos mentales en los que la persona no sufre por sus síntomas y no puede entender por qué los demás intentan frenar su estado, pues el paciente se siente muy bien, lleno de energía. La capacidad crítica está casi anulada, no se prevén riesgos y apenas hay control de los impulsos.





CONTROL DE ADICCIONES

¿Qué son las adicciones?

Podemos definir una adicción como el consumo repetido y abusivo de una sustancia (cocaína, alcohol, heroína, cannabis, etc) y/o la realización de manera compulsiva de una conducta determinada, como por ejemplo el juego.

Al inicio el consumo de drogas es voluntario, se suele dar en el ámbito social y se experimentan efectos positivos, dando la sensación de que se controla el consumo, sin embargo, las drogas pueden apoderarse rápidamente de la vida de una persona.

Paulatinamente el consumo de drogas pasa de ser esporádico a habitual y luego abusivo produciendo un deterioro de la persona en todas las áreas de su vida (trabajo, familia, amistades y relaciones sociales en general) llevando a abandonar sus responsabilidades por consumir sustancias.

Con el tiempo, si el consumo de drogas continúa, otras actividades placenteras se vuelven menos agradables, y la vida se va centrando en el consumo, que se vuelve tan importante que se persigue aún a costa de actividades que causan importantes problemas tanto a la persona como a su entorno, poniéndose de manifiesto una clara pérdida del control en el consumo


Fases de las adicciones

Para intentar un abordaje eficaz del problema debemos comprender que, el paciente, transita diferentes fases:


Fase precontemplativa:

la que la persona no contempla el consumo como un problema.


Fase contemplativa:

la persona empieza a ser consciente de que tiene un problema y se plantea un cambio, aunque todavía no ha comenzado a realizarlo. En esta fase es importante trabajar para aumentar el la conciencia del problema y destacar el impacto negativo de los consumos en su vida, así como las ventajas del cese de dichos consumos, explicando las alternativas de tratamiento, planteando estrategias de abandono total del consumo (que son las preferentes y primera opción de tratamiento) o bien estrategias de reducción de daño (disminución del consumo al mínimo posible) cuando no es posible el cese (ya sea por fracasos múltiples o porque el paciente no se encuentra preparado para el cese), pero siempre conteniendo y motivando al cambio a la espera de una oportunidad para intentar el abandono total del consumo.


Fase de preparación/acción:

cuando la persona se ha planteado modificar su conducta muy próximamente, o ha realizado algún intento de abandono en el último año, llegando a lograrlo con éxito durante un tiempo. En esta etapa realizamos intervenciones motivacionales (un balance de lo positivo y lo negativo de consumir), intentando apoyar y motivar el paciente al cambio. También trabajamos sobre los pilares de su motivación, centrándonos en su propia responsabilidad y compromiso personal con el cambio, fortaleciendo así su capacidad para decidir y elegir.

Si la persona decide abandonar totalmente el consumo iniciamos un proceso desintoxicación que consiste en la eliminación del organismo de las drogas, controlando el síndrome de abstinencia mediante una intervención farmacológica avanzada, afin de hacer lo mas confortable posible esta estapa y que implica un primer paso indispensable en la recuperación de la persona.

Una vez superada la dependencia física a la sustancia, procederemos a trabajar en la producción de cambios en su estilo de vida que le permitan una adaptación al ámbito familiar, social y laboral: programación de actividades, reestructuración cognitiva de determinados esquemas mentales, aumento de la autoeficacia, etc. Ésta es una etapa fundamental, quizá la más larga e importante del tratamiento, en la que la persona no sólo debe cambiar la forma en la que se comporta socialmente sino que también deben adquirirse nuevas habilidades y recursos de afrontamiento para consolidar una vida sin drogas. Este trabajo implica: trabajar sobre situaciones de alto riesgo, aprender a decir que no, relaciones con otros drogodependientes, desarrollo de nuevas amistades, etc. Aquí consideramos crucial el apoyo social y familiar, que facilitan enormemente el proceso de cambio.


Fase o estadío de mantenimiento:

cuando la persona ha permanecido abstinente durante más de 6 meses. Es la fase con mayor riesgo para la recaída, por lo que es fundamental contar con buenas estrategias dirigidas a la prevención de recaídas.


Fase de recaída:

se produce cuando se produce una recaida en el consumo, dando lugar a un retroceso a la fase de contemplación. Es necesario identificar los factores que han contribuido a la recaída, comenzando de nuevo el trabajo terapéutico en función de la fase en la que la persona se encuentre y conteniendo el cuadro a fin de minimizar daños.





Peritajes

¿Qué es un períto Psiquiatra?

Un Perito Psiquiatra es un médico experto en el estudio, diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales desde el punto de vista psiquiátrico y dentro de la ley.

La función de un perito psiquiatra, siendo conscientes de la especificidad y la complejidad de la psiquiatría como ciencia médica, es transmitir de manera objetiva, clara y comprensible las conclusiones de nuestra área de conocimiento en relación al objeto de la pericia en contexto de los hechos enjuiciados a travez de la elaboración de informes periciales de parte / judiciales, dictámenes periciales extrajudiciales, pre-informes extrajudiciales que ayuden para la presentación o contestación de una demanda.


Áreas en las que nos desarrollamos:

Descubra los diferentes campos del derecho en los que es necesaria la aplicación de la psiquiatría legal y forense para la evaluación del estado mental, diagnóstico e influencia conductual de los comportamientos humanos.


Derecho Civil, Derecho Privado General o Derecho Común:

regula todo lo relacionado con la persona, tanto en su ámbito familiar como patrimonial

Nuestros servicios en este campo:


Derecho Penal:

es el conjunto de normas jurídicas que regulan la potestad punitiva del Estado. Se encarga de asociar los hechos y acontecimientos estrictamente determinados por la Ley con una pena, medida de seguridad o corrección como consecuencia.

El objetivo del Derecho Penal es ser garante y asegurar los valores elementales sobre los cuales descansa la convivencia humana pacífica. Desde el punto de vista material los delitos y faltas son todas acciones u omisiones típicas, antijurídicas y culpables a las que se señala la imposición de una pena.

Nuestros servicios en este campo:


Derecho Laboral:

hoy, más que nunca, en el ambiente laboral surgen conflictos y problemas derivados tanto del rol del trabajador como de las relaciones interpersonales inevitables de esta interacción. Justamente, el derecho laboral o social regula este campo, tanto de aquellos trabajadores que realizan su trabajo por cuenta propia como los que la desempeñan por cuenta ajena.

Nuestros servicios en este campo:


Derecho de Familia:

es el conjunto de normas e instituciones jurídicas que regulan las relaciones personales y patrimoniales de los miembros que integran la familia, entre sí y respecto de terceros. Tales relaciones se originan a partir del matrimonio y del parentesco.

Nuestros servicios en este campo:


Derecho Canónico:

es una ciencia jurídica que conforma una rama dentro del Derecho cuya finalidad es estudiar y desarrollar la regulación jurídica de la Iglesia católica. Debe considerarse como una disciplina jurídica que excluye toda discuión religiosa o teológica, en tanto que esa discusión no es inexcusable para entender sus preceptos jurídicos.

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